El telescopio espacial James Webb permitió descubrir que WASP-17b, un gigante gaseoso con un hemisferio siempre iluminado y otro en oscuridad permanente, tiene una atmósfera cuyo contorno se parece ligeramente a un huevo.
Ubicado a unos 1300 años luz de la Tierra y con casi el doble del tamaño de Júpiter, este mundo está tan cerca de su estrella que completa una vuelta a su alrededor en apenas 3,7 días terrestres.
Este planeta, además, gira de una manera particular: tarda lo mismo en dar una vuelta sobre sí mismo que en completar su órbita. Por eso, siempre muestra el mismo lado hacia su estrella. Así, en una mitad es de día todo el tiempo y en la otra, de noche.
Por qué la atmósfera tiene forma de huevo
Según descubrieron los científicos de la NASA que analizan los datos recibidos del Webb, los vientos de WASP-17b trasladan gases calientes desde la cara iluminada hacia la oscura. Al llegar al borde que conecta ambos hemisferios, el material todavía está caliente y expandido. Después de atravesar la zona nocturna, se enfría y se contrae. Así, un borde de la atmósfera sobresale más que el otro.
El equipo de la agencia estimó una diferencia de unos 650 grados entre esos dos sectores y llamó “vespertino” y “matutino” para distinguir los lados por los que los gases llegan a la noche y regresan hacia la región iluminada, aunque estos nombres son solamente para identificar los hemisferios del planeta: allí no hay amaneceres y atardeceres que se alternen como en la Tierra.
En cuanto a su forma de huevo, la NASA hizo referencia al contorno de la atmósfera, no al cuerpo del planeta. La diferencia es pequeña: WASP-17b sigue teniendo un borde casi circular, con una zona que se extiende algo más que la otra.
WASP-17b no fue fotografiado de cerca. Para estudiarlo, los astrónomos observaron el momento en que pasó delante de su estrella. Una parte de la luz de esa estrella atravesó la atmósfera del planeta antes de llegar al telescopio. Al analizar qué partes de la luz fueron absorbidas, el equipo pudo obtener información sobre los gases y sus temperaturas.
Los análisis habituales promedian la información de todo el borde atmosférico. En este caso, el equipo aplicó una técnica que permite estudiar distintas zonas por separado y estimar cuánto se extiende cada una. De esa manera detectó la asimetría que, vista en conjunto, habría quedado disimulada.
Las mediciones también aportaron información sobre el vapor de agua y el dióxido de carbono presentes en la atmósfera. Los investigadores esperan aplicar el método a otros planetas lejanos para estudiar cómo se distribuyen allí los gases y el calor.

