En el arranque, la pelea en el Senado bonaerense parecía apenas otro episodio de la pulseada permanente entre Axel Kicillof y los laderos de Cristina Kirchner. El año había comenzado con una disputa por los cargos de conducción que terminó favoreciendo al Instituto Patria: Mario Ishii quedó en el tercer lugar de la línea sucesoria provincial y Sergio Berni se hizo cargo de la bancada oficialista. La semana pasada, el round fue por el reparto de las comisiones, pero el clima volvió a detonarse y el acuerdo nunca apareció. Verónica Magario intentó desactivar el conflicto con una salida de autoridad: definió por decreto la integración de cada comisión. El movimiento, lejos de ordenar, agravó el escenario y la reunión terminó entre gritos, pases de factura e insultos.
El punto más sensible de la discusión fue la estratégica comisión de Asuntos Constitucionales y Acuerdos (ACA), donde Magario ubicó a Malena Galmarini, esposa de Sergio Massa. En La Cámpora la reacción fue inmediata. La comisión tiene bajo su órbita los pliegos de jueces y fiscales, incluidos los vinculados a la Corte bonaerense. Hasta ahora estaba conducida por Emanuel González Santalla, dirigente de extrema confianza de Máximo Kirchner. Su desplazamiento impacta de lleno en el esquema judicial que orbitaba alrededor del Instituto Patria, con Juan Martín Mena en Justicia y Facundo Tignanelli en el Consejo de la Magistratura como piezas centrales de ese engranaje.

