Después de las primeras sesiones del año en ambas cámaras del Congreso, el Gobierno puede esperanzarse con sus resultados en la arena política. Los meses de negociación para avanzar con su reforma laboral le permitieron una media sanción en el Senado sin sobresaltos pero con concesiones a sus aliados y otros sectores de influencia. En Diputados, fue todo más holgado: le sobraron apoyos para aprobar el Régimen Penal Juvenil y el acuerdo comercial Mercosur-Unión Europea. Su objetivo esta semana es conseguir dictaminar todos esos proyectos sin modificaciones en las cámaras revisoras.
La primera parada será la más complicada para el oficialismo. El próximo miércoles, un plenario en Diputados discutirá el proyecto de reforma laboral con la presencia de representantes del sindicalismo y el empresariado, una participación simbólica en el debate porque el Gobierno necesita un dictamen ese mismo día sin ningún retoque del texto aprobado en el Senado: cualquier cambio, provocaría que se tenga que volver a tratar en la Cámara alta. Y el oficialismo tiene apuro. Quiere votar la ley a más tardar el 25 de febrero, aunque desde el entorno de la conducción libertaria dejaron trascender que podrían convocar a una sesión el este jueves 19.
La Libertad Avanza no oculta su incomodidad por uno de los cambios de último momento incluidos en el proyecto por pedido del radicalismo: el descuento salarial que sufrirán los trabajadores si tienen que tomarse licencia. En el momento de la votación, incluso dos senadoras del PRO (Cristina y Huala) manifestaron rechazar ese artículo, que ya provoca resquemor interno en Provincias Unidas, uno de los bloques determinantes para destrabar aprobaciones en Diputados. Con menor grado de intensidad, se plantean discusiones al respecto del Fondo de Asistencia Laboral (FAL), la derogación de estatutos y el financiamiento del cine. ¿Volverá a verse una confluencia de dialoguistas con peronistas contra el Gobierno?


