Las elecciones legislativas en Israel cerraron sin un ganador claro, según los sondeos a boca de urna, en una jornada marcada por una participación récord y por las denuncias del primer ministro, Benjamin Netanyahu, sobre presuntas irregularidades electorales.
El Likud, el partido del mandatario, se perfilaba como la fuerza más votada, con 24 bancas. Sin embargo, las proyecciones indicaban que el oficialismo obtendría 50 escaños, mientras que el bloque opositor encabezado por el centrista Gadi Eisenkot alcanzaría los 52. Ninguno de los dos espacios llegaría a los 61 escaños necesarios para formar una mayoría en la Knesset, el Parlamento israelí, compuesto por 120 miembros.

