Teherán amaneció cubierta por una nube tóxica y una inusual “lluvia negra” luego de bombardeos contra instalaciones petroleras durante ataques atribuidos a Israel y Estados Unidos. Las explosiones provocaron incendios de gran magnitud que liberaron humo y residuos de crudo, generando precipitaciones oscuras sobre la capital iraní.
Según reportes oficiales de la República Islámica, los ataques impactaron al menos cuatro depósitos de petróleo y un centro de transporte de combustibles ubicados en Teherán y en la provincia cercana de Alborz. Las explosiones desataron enormes incendios y densas columnas de humo que se elevaron sobre la ciudad.
La mezcla de partículas de petróleo quemado con la lluvia provocó un fenómeno inusual: precipitaciones oscuras que dejaron rastros en calles, autos y edificios. Habitantes de distintos barrios reportaron charcos de agua negra y un cielo cubierto por nubes espesas incluso varias horas después de los bombardeos.


