Las derivaciones de un cuento de Casciari en “Canelones”, con Darío Barassi representando al propio Hernán Casciari, encabeza los estrenos nacionales de esta semana, casi todos atentos a la comunión entre realidad, registro de la realidad y reelaboración de la misma.
Así, “La mujer de fuego”, del santafesino Ignacio Ascúa, combina el registro de varios movimientos ambientalistas con la historia medianamente ficticia de una actriz que llegó a Buenos Aires contratada para un protagónico teatral justo cuando empezaba la pandemia, y tuvo que reinventarse. Vuelven a la memoria viejas ilusiones de un cambio radical tras la fea experiencia de la peste, se actualizan advertencias y, en particular, se recrea un espíritu juvenil lleno de ideales, propuestas concretas y compañerismo. A destacar, los esfuerzos de la coordinadora Basta de Falsas Soluciones, que sigue en pie.
“El mundo al revés”, de Agustina Di Luciano y León Schwitter, sugiere otra cosa. Coproducción suizo-cordobesa (Di Luciano y Sabotage Filmkolectiv), al comienzo parece solo un documental de observación sobre la vida cotidiana cerca de Villa Giardino, y en ese sentido no muestra nada trascendente, salvo por la calma que transmite y unas tomas de las serranías cordobesas que parecen auténticas pinturas. Pero de a poco toma lugar una pequeña intriga sobre misterios inexplicables. Entre los habitantes hay quienes interpretan eso como un llamado espiritual. Las explicaciones místicas son medio vagas, la película también, pero la sensación es bastante agradable. En los créditos finales, la voz del paisano bonaerense Argentino Luna (“voy a rastrear mis recuerdos, p’al sur, p’al norte, no sé”).
También de Córdoba, pero centrada en Unquillo y alrededores, “Las escaleras de Luli”, de Cristian Salas, ilustra realidades, fantasías, pesadillas y recuerdos propios de una mujer joven con algún problema que iremos descubriendo paulatinamente. Un poco a la manera de ciertas películas de los ‘70, el relato se mueve en forma libre, quizá con cierta lentitud pero con una llamativa puesta en escena y participación de una buena cantidad de intérpretes, técnicos, administrativos y extras. Más de 200, según dicen. Se entiende, esta película es la mayor experiencia audiovisual que haya surgido en las aulas de los Institutos Milenio de Villa Allende y Nuevo Milenio, de Unquillo y producida por la Fundación Josefina Valli de Risso. El director Salas es coordinador de Medios de dicha Fundación. Y el propósito de la obra no es comercial, sino educativo y social, ya que se ofrece como herramienta para discutir asuntos tan graves como la enfermedad mental y la vejez.
Por casualidad, la enfermedad mental y la vejez también forman parte de “Canelones”, pero los temas principales son otros: la responsabilidad de quien crea o difunde algo falso y dañino, y el sentimiento de culpa.

