Se estrena en salas, con 25 años de atraso, el notable dibujo de Satoshi Kon “Millenium Actress” (respetuosa traducción del título original “Sennen Joyü”). Dibujo hecho al viejo estilo, a mano, nada de recursos digitales. Después, en “Paprika”, comenzó a usar esos recursos. Y al poco tiempo se murió. Tenía apenas 46 años cuando lo sorprendió el cáncer. Dejó solo cuatro largometrajes, un par de series, y el cortito “Good Morning”. Y una multitud de admiradores en todo el mundo, y una particular influencia en los artistas que vinieron después.
Esa influencia no está en el trazo de las figuras, sino en el mundo que esas figuras abren a los ojos del espectador, mezclando lo real con lo imaginado y los recuerdos patentes con los recuerdos confundidos. Así, por ejemplo, en “Millennium Actress” una anciana estrella de otros tiempos recibe la visita de un reportero y le cuenta su vida entremezclando el recuerdo de sus vivencias reales con las vivencias de tantas mujeres que le tocó encarnar en melodramas, historias de fantasmas, shogunes y samuráis, cintas románticas, piezas costumbristas y dramas históricos, todo esto con una edición maravillosa que impide quitar los ojos de la pantalla.


