El crecimiento del monotributo como modalidad de inserción laboral está cambiando la forma en que se financia el Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA). Si bien el régimen permitió incorporar a millones de trabajadores independientes a una cierta formalidad, el bajo nivel de sus aportes, sumado a la elevada informalidad y al envejecimiento de la población, profundiza las tensiones sobre el financiamiento de las jubilaciones.
Actualmente se necesitan casi 34 monotributistas para financiar una jubilación promedio y 3,5 trabajadores asalariados registrados, según advirtió un informe del Instituto de Estudios sobre la Realidad Argentina y Latinoamericana (IERAL). En el caso de una jubilación mínima con bono, la diferencia también es marcada, ya que se requieren 2,4 asalariados frente a casi 23 monotributistas.

