La última semana de abril estará dominada por una combinación clave de datos de inflación y decisiones de política monetaria en las economías del G7, en un contexto donde los precios de la energía vuelven a tensionar el escenario global hacia una dinámica más cercana a la estanflación.
En este escenario de incertidumbre sobre el sendero de la economía global, tanto el Fondo Monetario Internacional (FMI) como la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) coinciden en que el crecimiento se desacelera mientras la inflación muestra mayor persistencia.
El FMI proyecta una expansión global de 3,1% en 2026, luego de haber revisado sus proyecciones realizadas en enero de 3,3%, con una inflación que podría repuntar en el corto plazo antes de moderarse, mientras que la OCDE elevó su estimación de inflación para el G20 a 4% este año, impulsada principalmente por el encarecimiento energético.
“Un conflicto más prolongado o más amplio, un empeoramiento de la fragmentación geopolítica, una reevaluación de las expectativas en torno a la productividad impulsada por la inteligencia artificial, o el resurgimiento de tensiones comerciales podrían debilitar significativamente el crecimiento y desestabilizar los mercados financieros” aseguran desde el FMI, en su última publicación del Informe sobre perspectivas de la economía global.

