Con la llegada del extremo calor, muchas familias volvieron a pensar en la pileta como una solución para sobrellevar el verano. Ya sea para evitar gastos en clubes, reducir salidas o aprovechar el patio, la instalación de una piscina doméstica reapareció como una alternativa atractiva. Sin embargo, el desembolso inicial es solo una parte del gasto total, ya que el mantenimiento y los accesorios elevan de manera considerable la inversión final.
Las opciones más económicas continuaron siendo las piletas de lona y las estructurales, que no requirieron trabajos de construcción y se montaron en pocas horas. De acuerdo con un relevamiento, una pileta inflable redonda con anillo superior se consiguió desde $70.000, mientras que una Pelopincho de tamaño mediano se ubicó cerca de los $200.000. En modelos rectangulares de mayor porte, como una Intex de 300 x 200 x 75 centímetros, el precio trepó a $340.000.
A esos valores se sumó la compra de accesorios básicos, entre ellos el cubrepileta y la base protectora, que insumieron alrededor de $30.000 adicionales.
Piletas de fibra de vidrio y prearmadas
Un escalón por encima aparecieron las piletas de fibra de vidrio y los modelos prearmados. Estas alternativas ofrecieron mayor durabilidad y comodidad, aunque exigieron un presupuesto más alto. Los precios arrancaron en torno a $1.500.000 para los tamaños más pequeños y superaron los $4.000.000 en versiones de mayores dimensiones.


